Pocos libros me han logrado entregar una forma de mirar la felicidad tan reveladora como la que expone el profesor de Harvard Tal Ben Shahar en su libro “Happier”.

Las personas suelen buscar distintas cosas en la vida con mucha fuerza: prestigio, dinero, fama, reconocimiento entre sus pares, etc., pero, curiosamente, hacen muy poco por buscar una respuesta a la gran pregunta: ¿cómo puedo ser feliz? o ¿qué es la Felicidad?

La literatura está llena de libros que intentan responder la gran pregunta de la felicidad y son muy pocos los que valen la pena. Uno puede revisar bibliotecas enteras de psicología y encontrar uno o dos libros que en verdad hacen una diferencia. Afortunadamente, Happier es uno de ellos.

Happier nació de una cátedra que dictaba el autor en Harvard sobre psicología positiva y que llegó a ser la más famosa de toda la universidad, dictándose literalmente ante varios cientos de estudiantes al mismo tiempo.

Este autor nos explica que para él existen cuatro grandes tipos de personas en este mundo. Estos “tipos de personas” no son estáticos ni fijos. Todos podemos ser, o pasar por un período, correspondiente a uno de ellos en diversos momentos de nuestras vidas.

En este artículo revisaremos tres cosas. Primero, mis reflexiones y comentarios sobre cada uno de los tipos de personas, segundo, algunos comentarios sobre la Felicidad y, tercero, ejercicios concretos para ser más feliz.

 

Los cuatro tipos de personas

 

1.- El que no puede escapar de la trotadora (el Rat Racer).

Estas son aquellas personas que viven en constante búsqueda de alguna meta futura que los hará eventualmente felices. Es como si no pudieran parar de “correr” en la “trotadora de la vida”.

En su época escolar sufren por obtener una buena calificación, para luego tener un buen promedio, para luego dar una buena prueba de selección universitaria, para luego entrar a una buena carrera universitaria, para luego obtener un buen trabajo, para luego comprar una bonita casa, para luego comprar un bonito auto, para luego pagar un buen colegio para sus hijos, para luego comprar una bonita casa en la playa, para luego obtener una buena jubilación, para luego … y nunca se detuvieron a gozar ninguno de esos hitos.

La sensación típica que sienten es obtener algo, saborearlo unos pocos segundos, para luego estar pensando en lo siguiente que tienen que hacer, o tener.

Estas personas serán felices cuando obtengan esto, logren tal cosa, tal problema se solucione, tal persona haga aquello. Siempre el discurso es “cuando pase tal cosa, yo seré feliz”.

Son típicas las veces donde se les ve obteniendo grandes logros, obteniendo grandes trabajos, obteniendo grandes cantidades de dinero y, al mismo tiempo, siempre con la incapacidad para disfrutar lo que están haciendo, por la persistente creencia de que cuando lleguen al siguiente objetivo serán finalmente felices.

Comentarios como “no puedo ahora: -estoy estudiando-, -estoy trabajando-, -estoy ahorrando-, para [inserte meta futura]“, son clásicos. Cada vez que obtienen un logro no son capaces de disfrutarlo y pasan al siguiente objetivo: una vez que lograron la calificación no están felices por ello, sino más bien están pensando en cómo afectará eso su promedio, o cuando obtienen un gran bono, no están alegres, sino más bien pensando en qué podrían invertirlo para poder aumentar su pensión de jubilación.

Lo problemático de este tipo de personas (me declaro culpable de muchas veces actuar así) está en que este es un comportamiento que se ve muy avalado por la sociedad, que suele premiar los resultados y no los procesos.

Nuestra sociedad está siempre mirando al que está más “ocupado” o al que ha “obtenido mayor cantidad de títulos”, y nunca se ha detenido a mirar el verdadero fondo que subyace detrás de todos esos cartones.

El gran peligro de este tipo de personalidades, como explica Ben Shahar, está en vivir en la Falacia de la Llegada: la creencia constante de que llegar a una meta determinada nos hará felices.

Estas personas suelen confundir el sentimiento de alivio que obtienen cuando llegan a su meta, que solamente es momentáneo y pasajero, con la verdadera felicidad, olvidando por tanto ser felices realmente. Un alivio momentáneo no es la felicidad.

Marco Aurelio decía: “No te comportes como si estuvieras destinado a vivir para siempre” (Meditaciones, 4.17). Mientras estés vivo, aprovecha de disfrutar la vida que recorres, no vivas exclusivamente mirando el lejano futuro donde serás feliz. No sabes en qué momento dejarás de estar vivo… y ciertamente, puede ser antes de la próxima “meta”.

2. El Hedonista.

Estas personas creen que la felicidad se reduce solamente a una serie de experiencias placenteras. Hacen todo aquello que les da placer, no obstante que pueda significar un detrimento para su persona en el futuro. Esto va desde cosas tan sencillas como estar constantemente comiendo comida chatarra a los casos más extremos de vivir solo del sexo, alcohol y rock and roll.

No creamos que esto es exclusivo de algunas personas sumidas en las adicciones y el crimen. Todos tenemos un poco del hedonista en algún momento de nuestras vidas: desde algo tan sencillo como preferir no ordenar la casa, no estudiar para la prueba, no hacer el trabajo, hasta cosas más importantes como no querer ir a visitar a un familiar que vive lejos debido a la larga travesía, no llevar sanos hábitos alimenticios o dedicarle tiempo para pasear a nuestras mascotas.

¿Qué tiene de malo el vivir la buena vida?, ¿qué tienes contra el carpe diem? Nada, mientras dura. El gran problema que tiene esta forma de vivir la vida es que sin metas de largo plazo, y en constante búsqueda del placer y evasión del dolor, va a llegar el punto donde van a sentir una severa Pérdida de Sentido.

Más de una vez hemos visto a los hedonistas (o a nosotros mismos) llegando a un punto donde ya no hay más que hacer, donde fiesta tras fiesta han destruido todas sus energías vitales, y están cayendo en una espiral espantosa de depresión interior. No es necesario mirar a los casos extremos de los drogadictos para poder ver esto: ¿alguna vez han sentido que están llegando al punto donde están “desperdiciando” su vida si siguen por ese camino?

Muchas veces una persona adulta no tiene ninguna otra evidencia que su edad para probar que ha vivido un largo tiempo” decía Seneca (De la tranquilidad del ánimo, 3.8b). Si te pasas la vida entera de fiesta en fiesta, una idéntica la a otra, ¿qué podrás decir a tus hijos sobre tu vida?, ¿de qué te sentirás orgulloso más adelante?, ¿qué te dirán tus ojos cuando te mires al espejo?

El gran problema está en que el placer pasajero no nos trae la felicidad, a pesar de que queramos creer lo contrario.

Ben Shahar nos dice que los hedonistas viven de la Falacia del Momento Flotante, es decir, la falsa creencia de que la felicidad puede venir de una secuencia de momentos placenteros desconectados del futuro. Eres feliz… hasta que la falta de sentido te azota.

Estas personas no son felices realmente porque, si bien gozan un tiempo, es inevitable el momento donde todo lo que hacen deja de ser sostenible debido a que se sienten vacíos, muertos por dentro. Esto siempre pasa y es por eso que esta no es la verdadera felicidad de largo plazo.

3. El Nihilista.

Estas son las personas que se han resignado a pensar que es imposible ser feliz, que la vida no tiene sentido. Estas personas viven encadenadas al pasado y nunca miran hacia el futuro. Suelen emitir frases como “no importa”, “no quiero”, “me da lo mismo”, “para qué” y muchas otras.

Ahora, esto no quiere decir que solamente estemos pensando en personas con una profunda depresión, ya que en realidad el nihilismo es una actitud. El nihilista no necesariamente desprecia todo, ni está amargado la mayoría del tiempo, sino que más bien se trata de actitudes que tienden a repetirse. El desgano, la mirada negativa, el pensar solamente en los aspectos negativos, el quejumbroso, el que se queda pensando solamente en la parte mala de las cosas.

Todos en algún punto hemos sido nihilistas. ¿Cuántas veces no hemos querido asistir a un evento familiar?, ¿no hemos visto el lado positivo de las cosas?, ¿hemos odiado todo lo que nos rodea (y a todos los que nos rodean…)?, ¿ha pensado que no hay vuelta atrás?

Los seres humanos cuando nos mantenemos en esta fase tendemos a entrar en una especie de Estado de Desvalido Aprendido, donde agotamos todas las ganas y nos resignamos a que nuestra vida será miserable.

Esto me recuerda mucho la fábula del Elefante Encadenado de Jorge Bucay, donde un elefante es amarrado cuando es pequeño a una estaca con una cadena. El elefantito hacía todos los esfuerzos por liberarse, pero no lograba liberarse. Un día, después de mucho batallar, aceptó su derrota y quedó grabada su impotencia. Lo que es peor, nunca más volvió a cuestionar si podría liberarse de su cadena. Con los años, el elefantito creció para ser un elefante grande y corpulento, pero la cadena se mantuvo igual de pequeña que cuando el elefantito fue originalmente amarrado. El elefante encadenado no podía escapar a su pequeña cadena porque, al igual que los nihilistas en la vida, alguna vez lo intentó y no lo consiguió, grabándose en la memoria que no pueden y que jamás lo podrán…. Si tan solo pudiéramos ver en esos momentos que ya no somos el elefantito pequeño e impotente.

Los nihilistas viven, según Ben Shahar, de la Falacia de Mala Lectura de la Vida, esto es, la falsa creencia de que independiente de lo que hagamos, nunca seremos felices.

A mi me parece que cometen el error de confundir las cosas que hacemos o los efectos que se generan con quienes somos realmente: el haber fracasado una vez no nos hace un fracaso. Nosotros no somos nuestros resultados. Y si queremos que los resultados sean diferentes, debemos volver a intentarlo, ojalá de una manera distinta.

4. El Feliz.

Antes de describir a estas personas, creo que es importante comenzar por poner en tela de juicio las preguntas que nos hacemos sobre este tipo de personas y a nosotros mismos. Lo que generalmente pasa es que nos hacemos la pregunta equivocada al decir “¿soy feliz?”, ya que esa pregunta sugiere que existe una respuesta única: si o no. Esta pregunta está sesgada porque presupone un punto de llegada específico, un momento exacto, donde somos felices o no.

La pregunta adecuada debería ser ¿cómo puedo ser más feliz?, ya que de esta manera reconocemos que la felicidad es un proceso, no un instante, ni un estado constante. Ser feliz es un camino a lo largo de nuestra vida. Esperar que toda la vía sea feliz es imposible y, si lo esperamos, nos dirigimos hacia un fracaso rotundo.

Las personas felices, según Ben Shahar, son las personas que disfrutan el camino hacia una meta que ellos encuentran valiosa para sí mismos. La felicidad es, en sus palabras, “la experiencia general de Placer y Sentido”. La persona feliz tiene momentos placenteros además de concebir su vida como plena debido a tener un propósito.

Es decir, la felicidad tiene dos elementos clave: (1) Placer, se refiere a las experiencias actuales, del momento, y (2) Sentido, se refiere a un propósito en la vida, que se relaciona con el bien futuro de nuestras acciones.

Las personas felices viven altos y bajos, y eso es normal, pero la base general es positiva. El placer es la norma, el dolor la excepción. Estas personas a pesar de los momentos malos, tienen un sentido de felicidad general.

La clave está en tener en mente que el óptimo es hacer actividades que nos den tanto placer actual como beneficio futuro. No se trata de ser como los Rat Racers que nunca disfrutan el presente, o como los hedonistas que olvidan el detrimento futuro, o como los nihilistas que han aprendido a sufrir constantemente. La felicidad se trata más de subir a la cumbre que de dar vueltas alrededor de la cumbre.

La felicidad es la experiencia de subir hacia la cumbre que hemos escogido para nosotros mismos.

Comentarios sobre la Felicidad:

Sentido o propósito

Para experimentar un sentido de propósito en la vida, debemos tener metas que sean intrínsecamente significativas para nosotros. Tenemos generar nosotros mismos esa meta, no debe estar dictada por las convenciones sociales, por las expectativas que tienen los demás, por las presiones que ejerce nuestra familia u otros elementos externos. No porque tus padres querían que siguieras el negocio familiar es sinónimo de que sea tu vocación o porque se espera que seas el mejor abogado debes serlo.

Es más, no porque en algún momento hayas decidido tener una determinada profesión debes seguir haciendo lo mismo. Los sueños cambian. Las personas cambian. Las metas cambian.

Si nuestros sueños y metas no pudieran cambiar, todos seguiríamos siendo astronautas y bomberos.

Incluso, me atrevería a decir que las personas que son capaces de ir ajustando las metas y el camino a medida que lo van recorriendo suelen ser las que llegan más lejos. Ojo, no estoy diciendo que debas dejar los 5 años de carrera universitaria y no rendir jamás el examen de grado final, sino más bien que seas capaz de mirar lo que viene y elegir realmente lo que quieres, con sabiduría y prudencia.

Todas las personas tienen sentidos de vida distintos, la clave está en que cada uno de nosotros encuentre el propio.

¿Qué es aquello que nos da sentido?

Generalmente es el punto de intersección entre lo que se nos da especialmente bien (buenas habilidades) con aquellas cosas que nos gustan (nuestros intereses). Es decir, nuestro sentido suele ser algo que nos gusta y en lo que somos buenos.

Si eres bueno para algo pero no te gusta, vas a terminar siendo miserable en un ambiente que desprecias. Si te gusta algo pero no tienes habilidades, vas a terminar frustrado por no lograr jamás tus metas.

¿Es importante incluir el dinero en la búsqueda de nuestro sentido? Si, de todas maneras. Es triste, pero todavía no he aprendido a pagar las cuentas de fin de mes con un abrazo. De ahí que tienes que incluir un tercer elemento, idealmente, en aquello que te da sentido: eso que te puede dar para comer. El punto óptimo es aquello que te gusta, tienes habilidades y puedes vivir de ello.

Ahora, este encontrar sentido, debe ser también algo cotidiano. Además de un sentido de forma global, cada día las tareas que hacemos tienen que estar orientadas a dicho fin último. Si te levantas todas las mañanas y te miras al espejo y dices “No quiero esto”, “No soy feliz”, es un buen momento para evaluar qué queremos con nuestra vida.

Debemos tener el coraje para buscar las metas de nuestra vida y luego ser coherentes con dicho descubrimiento.

Debemos ser capaces de notar la diferencia entre una obligación, una carrera o una vocación.

La felicidad en el día a día

Las actividades que nos hacen felices pueden ser como una vela que alumbra nuestro día, ya sea durante unos pocos minutos o ya sea durante horas. Estas actividades, incluso, nos ayudan a ser capaces de soportar todo el resto que es malo o tedioso en nuestras vidas.

Una de las formas graduales de ir mejorando nuestra vida es a través de ir incorporando actividades felices en nuestra vida diaria.

Como decía el antiguo filósofo estoico Marco Aurelio, “Tu mente va a tomar la forma de los pensamientos que tienes frecuentemente, ya que el espíritu del ser humano es teñido por tales impresiones” (Meditaciones, 5.16). Asimismo, tu vida va a tomar la forma de los actos que repites frecuentemente, ya que nosotros somos los que hacemos día tras día.

La gente erróneamente malgasta su tiempo libre al incurrir en un hedonismo pasivo en vez de hacer cosas que nos llenen de sentido o que nos hagan realmente felices.

Las personas cuando terminan su jornada laboral cometen el error de ponerse a vegetar frente a la televisión en vez de dedicarle tiempo a hacer cosas que los hacen realmente felices. Y, lamentablemente, este es un vicio que se potencia con el hecho de que las personas terminan creyendo que cuando terminan de “trabajar” o hacer sus tareas están demasiado cansados para hacer otra cosa.

Hasta el día de hoy no he visto a nadie que esté lleno de energías por haber visto 3 horas de televisión continua luego de trabajar todo el día. Lo que sí he visto, son personas que me han dicho que están llenas de vitalidad porque fueron a comer con su pareja, vieron una exposición de arte, conversaron con los amigos, trabajaron en su proyecto personal, fueron a una fundación de beneficencia o jugaron tenis con una persona que no veían hace años.

Como decía María Montessori: “Dedicarse a una actividad placentera es en sí descansar”.

Es importante agregar en tus rutinas diarias cosas que te hagan feliz, cosas que te hagan crecer, cosas que te den placer y a la vez sentido, que sean un desafío y nos mantengan alertas.

¿Qué podemos hacer en concreto?

1. Elegir nuestras metas

Lo ideal es que hagas los siguientes ejercicios en una hoja de papel en blanco, pero ya con el solo hecho de meditarlo has avanzado mucho.

Primero, tenemos que buscar y escribir aquellas metas de largo plazo. Con 2 o 3 grandes metas es suficiente.

Un ejercicio que me encanta para intentar buscar cuáles pueden ser buenas metas de largo plazo es imaginar la siguiente situación: imagina que estás en los zapatos de tu ser más querido. Ese ser más querido tiene la difícil tarea de escribir una carta de despedida para ti, ya que recientemente has fallecido. Piensa, ¿qué es lo que diría esa persona?, ¿qué cosas buenas?, ¿qué cosas malas?, y sobre todo, ¿por qué cosa te gustaría ser recordado?. Este pequeño rito mental nos permitirá evaluar qué son aquellas cosas que más nos importan y a la vez nos facilitarán establecer metas en diversas áreas de nuestra vida.

Segundo, tenemos que buscar las metas de mediano y corto plazo.

Esta etapa se trata de mirar aquellas metas de largo plazo e ir dividiéndolas en pasos más pequeños, manejables. ¿Qué tienes que hacer en el próximo decenio, año, semestre y día para acercarte a tus metas de largo plazo?

Tercero, tenemos que buscar en quién te tienes que transformar para alcanzar esas metas de corto plazo.

Las únicas actividades que son sostenibles al largo plazo son aquellas en las que no tienes que pensar. ¿Cuánto te cuesta lavarte los dientes todos los días? Practicamente, nada. ¿Por qué?, porque no tienes que pensar en ello, no hay fricción, se transformó en un hábito. Si quieres lograr todas tus metas, tienes que lograr que todas las actividades que debes hacer de manera diaria, semanal, mensual o anualmente, se hagan hábitos, que tu mente opere automáticamente, ya que no habrá fricción. Y tal como con tu salud bucal, no te darás cuenta y esta será perfecta después de muchos años.

2. Creando ritos y hábitos de felicidad

Piensa en 3 cosas que podrías hacer todos los días que te harían feliz (recuerda, ser feliz tiene que ver tanto con tener Propósito como sentir Placer).

Parte pequeño, parte por actividades que te tarden 5 minutos, como meditación o salir a caminar, y planifica cuándo podrías incluirlas en tu día (si no tienes 15 minutos para ti es un muy buen signo de que algo está muy mal).

Luego, haz de estas actividades un hábito por una semana. Preocúpate de incluirlas en tu calendario y se intencional con tu día.

Luego, vuelve a realizar este ejercicio, pero planifica cómo incluir estas actividades en tu vida un mes, luego un trimestre y luego un año. Con una semana habrás notado que hubo días que pudiste hacer dichas actividades, otros, no. Aprende de tus experiencias. Un plan que no se puede adaptar es un mal plan.

Si identificas qué te da sentido personal y qué actividad placentera te acerca a ello, y lo haces todos los días, serás feliz.

3. Comentario final: No hay tiempo.

La falta de tiempo muchas veces es una falta de prioridades.

Si estás “ocupado” y no tienes tiempo es sencillamente porque has tomado decisiones que te pusieron en esa posición. Si llegaste al final de este artículo y no tienes tiempo para poner nada de esto en práctica, es una muy buena señal para volver a evaluar tus sistemas y reglas.

Sí se puede. Tú puedes.

Para seguir aprendiendo

Para escuchar todas las recomendaciones concretas revisa nuestra conversación sobre el libro de Tal Ben Shahar en la página de nuestro podcast presionando aquí. Además, puedes escucharla en Youtube, tu iPhone o Android.

Puede también leer otros de mis artículos: El ABC de las finanzas personales: cómo hacer un buen presupuesto o Los 10 libros que deberías leer este 2018.

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